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Planeta Eva

Profesión

María C. García Aguilar, ecóloga marina

La verdad, la mayoría de nosotros no sabemos qué hace un científico. Los imaginamos despeinados y hablando acerca de locuras en un idioma incomprensible. Todos tenemos, en cambio, el recuerdo ingrato de las materias reprobadas y del aburrido profesor de biología, física, química o matemáticas.

Afortunadamente, algunos logran salvar esos recuerdos gracias a su amor a las abstracciones, los animales, las estrellas y un sinfín de cosas que son el objeto de estudio de la ciencia.

Por ello, entrevistamos a esta mujer dedicada a estudiar a los lobos marinos, que nos cuenta de dónde salió su afición por la ecología y el mar; además de dar una opción a quienes estén hartos de vivir en casa.

E-¿Cómo te encontraste con la ciencia?

MC-Yo decidí que quería estudiar biología a los 13 años y ¡fue porque me gustaban los animalitos! Por supuesto que tiene que nacerte del alma; si no, nomás no funciona. Ya después le vas agarrando el gusto a demás las cosas (que si el modelo matemático, que si la ecología, etc.) que tienen que ver con lo primero que te llamó la atención; en mi caso, los animalitos.

E.-Sin embargo, no todos los que queremos a los animales o al mar nos dedicamos a la ciencia.

 

MC- No me dedico a estudiar a la ciencia, ni a cualquier mamífero marino. A mi me gustan los que sí veo y se parecen a los perros; los otros no.

 

E-¿A los perros?

MC-Claro que los lobos marinos se parecen a los perros: son carnívoros.


Lo que uno estudia son interacciones entre estos bichos con los factores físicos del ambiente, no nomás a los seres vivos, ni algo como la ciencia en general. 

 

Primero observas y describes y después tratas de encontrar explicación. No hay de otra. El objetivo final no es ni la una ni la otra; sino tratar de encontrar patrones para intentar hacer predicciones; basándose en modelos matemáticos.

E-¿Qué es lo que más trabajo te cuesta de tu profesión?  

MC-Levantarme temprano [se ríe]. Primero, no creo que haya que sacrificar nada. Es sólo cuestión de intereses. A quien le interese tener maridito, aun siendo bióloga -o lo que sea- lo va a tener. Ciertamente, la mayoría de las que andamos en el negocio somos solteronas y de las que se casaron, muchas acaban divorciándose. Así es esto.

E- A veces, tu trabajo de campo parece rudo.

MC-No hay que ver las cosas como si pasar meses en una isla, o un barco, o un cerro fuera casi como un suplicio. No. Al revés; es la mejor parte. Estar fuera de civilización es muy, muy divertido. 

Fíjate si no: mucha, pero mucha gente, paga un chingo por ir a los lugares a los que voy y ver a los animales que veo y ¡a mi me llevan de gorra y además me pagan! ¿Cómo voy a quejarme de mi trabajo? Me pagan por hacer lo que otros pagan por hacer. Jajajajaja.

 

E-Ciertamente, parece mucho más rudo trabajar en una oficina de 8 a 6, que vivir observando en el mar.

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