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  Planeta Eva

 

El agua, al pasar, nos hace pasar de todo; del polvo, de los dolores. Tranquiliza, deja ir, transparenta, nos deja en nada y con nada más que la gracia del alma. 

Su partida sin retorno es la muerte; su escasez es la conciencia de que somos un cuerpo efímero. Los pueblos del desierto viven con esa conciencia, como los personajes de Rulfo o del Pueblo blanco de Serrat, de una tierra seca, para quienes el tiempo no existe y, por eso, vivir y morir son la misma cosa. 

Quienes gozamos del agua no sabemos cómo enfrentar esa liviandad. El cacto y el dromedario saben guardarla; el olivo, la parra y la vid mediterráneos besan a sus cuidadores, con su líquido, en la boca. Nosotros; los que la tenemos, sólo 
queremos que pase tranquila, que no nos humedezca, que no nos azote, que no nos golpee, porque también suele ser voraz. Tememos al fondo oscuro de sus lagos, a los monstruos que ellos habitan, a que las corrientes nos arrastren, a que nos traguen las olas del mar picado; a quedarnos perdidos y solos en medio de la inmensidad.


"Soy un lago oscuro y profundo donde a veces lanzo el arpón y saco algunos de mis monstruos marinos
que ella se entregue con toda su alma –quedando yo libre— en seducción espiritual 
quien lucha por la existencia suprema ha de renunciar a los goces supremos de la existencia..." Así escribió el filósofo danés Sören Abey Kierkegaard y nosotras, en Planeta Eva, prefiriendo renunciar a la existencia suprema, preparamos estas secciones que, esperamos, sirvan para gozar la existencia, pues, como decía el mismo autor: "el tritón se abatió
--el mar enfurecido se hizo súbitamente sereno— vencido por la inocencia de Inés" y los dejamos con el cante de Camarón de la Isla:

"Como el agua

"Limpia va el agua del río,
como la estrella de la mañana;
limpiaba el cariño mío
el manantial de tu fuente clara,
como el agua.

"Como el agua clara,
que baja del monte;
así quiero verte,
de día y de noche.
Como el agua.


"Yo te eché mi brazo al hombro
y un brillo de luz de luna
iluminaba tus ojos.

"De ti deseo todito el calor,
para ti, mi cuerpo, si lo quieres tú;
fuego en la sangre nos corre a los dos,
como el agua.

"Si tus ojitos fueran
aceitunitas verdes,
toda la noche estaría 
muele que muele,
como el agua."

 


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